
Los chalecos salvavidas son un elemento fundamental al momento de subirnos a cualquier tipo de embarcación y es por esto que es obligatorio llevarlos siempre en perfectas condiciones. Antes de zarpar, debemos comprobar que los cinturones estén en buen estado y las hebillas, cremalleras o cierres deben abrirse y cerrarse de forma fácil y rápida. En el caso de los chalecos de inflado automático, debemos revisar la fecha de caducidad del disparador y dependiendo del sistema de activación, deberá ser reemplazado cada 3 o 5 años.
Existen dos tipos de chaleco, los rígidos de espuma y los de inflado automático que son más cómodos y permiten maniobrar de mejor manera.
La autoridad marítima nos obliga a contar con chalecos salvavidas para todas las personas que viajan a bordo. Estos deben cumplir con la normativa en función de la zona de navegación y del peso y tamaño de los usuarios.
Existen diferentes niveles de flotación, los cuales están medidos en Newton y va a depender del uso, cuál será el más adecuado. A mayor flotación, más alto flotas y más rápido subes a la superficie.
Existen 4 tipos:
50N: Para actividades deportivas o recreativas cerca de la costa. Este tipo de chalecos es para personas que saben nadar y mantener la cabeza fuera del agua.
100N: Para embarcaciones a motor y motos de agua que navegan hasta 5 millas de la costa. Garantizan la flotabilidad y mantienen la cabeza fuera del agua, aunque la persona esté dormida o inconsciente.
150N: Para navegaciones en aguas interiores o hasta 60 millas de la costa. Garantizan flotabilidad y mantienen la cabeza fuera del agua, aunque la persona esté dormida o inconsciente, incluso con condiciones de tiempo adversas.
275N: Para embarcaciones que navegan en alta mar a más de 60 millas de la costa. Ofrece el mayor grado de protección. Este tipo de chalecos cumple con la normativa SOLAS exigida a nivel internacional.


